
La Casa de las Mariposas Negras (2008)
En los últimos tiempos el cine boreal se ha convertido en uno de los favoritos, los argumentos que surgen entre las heladas y ventiscas del norte de Europa sin duda atraviesan un momento de gran prosperidad y reconocimiento internacional.
Bajo ésta oleada de arte frió es que florece la producción cinematográfica de una región que lo mismo muestra temas históricos que propios de la infancia o la juventud, un cine que ha sabido hacer uso de una narrativa que destaca la personalidad y cuestionamientos propios del ser humano en historias intimistas que igual identifican al niño, al adolescente y al adulto.
Un estilo desprovisto de mayores efectos y con sublimes construcciones iconográficas es lo que estéticamente propone, proveniente del movimiento Dogma es caracterizado por un nuevo realismo y una frescura tanto estética como narrativa que han renovado el proceso de identificación del espectador.
Es en éste marco de aceptación de filmes árticos es que llega uno de los ciclos más esperados, el de Cine Nórdico, que organiza la Cineteca Nacional con la colaboración de las Embajadas en México de Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega, donde se darán cita filmes característicos de un punto de vista autocrítico del individuo.
Un ciclo que presentará seis largometrajes de ficción y tres documentales, y que en la presentación de ésta mañana que realizaban la Directora de Difusión y Programación de la Cineteca Nacional, Susana López Aranda; Tellervo Ala Lehtmaki, representante de la Embajada de Finlandia; Maja Bentzer, de la Embajada de Suecia; Oyvind Haugen de la Embajada de Noruega y el Subdirector de Programación de la Cineteca Nacional, Nelson Carro, nos obligaba a cuestionar la convergencia de éstas naciones con respecto de sus propuestas cinematográficas.

Y es que podemos decir que si bien estética y argumentalmente los cuatro países traen excelentes propuestas, lo que sobresale y emanan las patrias involucradas, es la capacidad de identificación del y con el espectador.
Esta suerte de presentación de dramas individuales con toques hasta de comedia que hacen más asequible cada filme al espectador, y cuando hablamos de espectador, en ésta ocasión nos referimos al individuo que se torna en una butaca del cine, quien bajo la oscuridad se dispone a ver a través de un recuadro llamado pantalla una proyección audiovisual, más allá de su contexto sociocultural, una persona en sí, un individuo, que al final del día queda identificado casi a la usanza del espejo de la teoría freudiana.
Un espectador identificado con una imagen en una especie de narcisismo, al ser ésta la que lo confronta consigo mismo y lo hace “preocuparse” de él como individuo, ya sea por identificación primaria o secundaria de la propuesta cinematográfica, constituyéndose a modelo de la imagen.
Y es que hasta literalmente ésta identificación en sentido estricto, ésta “fase del espejo” que plantea Lacan aludiendo a Freud, encuentra cabida en un cuadro de imagen, como en un cuadro de espejo, aislando al individuo a no hacer otra cosa que contemplarse y contemplar su individualidad a través de la pantalla, como apunta Jean-Louis Baudry, en una analogía espejo-pantalla, en una sobre valorización de la actividad visual y sonora.
Además de que como la misma Susana López Aranda mencionaba en el abstract, quizá ésta premisa “infancia es destino” que proponía Freud, y como ella equipara “latitud es destino” teniendo la naturaleza ártica como fuente de inspiración entre efluvios de mar y landas nórdicas que eventualmente obliga al ser humano a convivir consigo, es lo que permite a la mirada boreal tener esa capacidad de introspección, de fascinación por lo simple y lo individual, permitiendo esa identificación de la que tanto hablamos.
Donde una imagen helada es capaz de excitarte, donde un arte en frió, un arte sin pretensiones y desprovisto de espectacularización es capaz de identificarte, un arte como el de Déjame entrar (2008), que entre secuencias gélidas, magistralmente construidas te adentra a lo más profundo de las emociones, cuales quiera que éstas sean; El Arte de Llorar en Coro (2006) que con un humor negro es capaz de acercarnos a la mediocridad del ser humano; o un Reprise (2006), que con un discurso fragmentado y una magnífica banda sonora representan los intereses no de la sociedad actual, sino del ser humano actual, ávido de buscar significaciones en un mundo que se le va de las manos.
Pero bueno, para que más comentario “salvaje” si lo único que queda es recomendar no ampliamente, sino lo que le sigue, éste ciclo de Cine Nórdico que habla por sí mismo y que según la directiva de la Cineteca Nacional tiene como antecedente haber sobrepasado los estándares de aceptación para éste tipo de propuestas, donde Let The Right One In es capaz de abarrotar en horarios vespertinos llenos de adolescentes.
Sin más, a apuntarse para ésta muestra, porque pasará deprisa del 3 al 13 de septiembre en la sala 2 Salvador Toscano de la Cineteca Nacional y de la que destacan filmes como: La Casa de las Mariposas Negras (2008) -filme inaugurador-, El Arte del Pensamiento Negativo (2006), El corazón del cielo (2008), Todo es Relativo (2008) entre otras.
Enjoy!

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