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"Beasts of No Nation" en Netflix

Kapuściński escribió sobre el destino que encuentran los implicados de una guerra “Todos seguían con angustioso interés aquel feroz combate, porque querían saber cuánta fuerza había en la vida y cuánta en la muerte. Todos querían saber hasta dónde la vida era capaz del luchar contra la muerte, y si una vida joven que aún existía y se negaba a rendirse conseguiría ganarle el pulso a la muerte” (p.205). En Beasts of No Nation (2015), de Cary Joji Fukunaga (True Detective), la vida y la muerte se debaten en la mente y el cuerpo de los niños que tienen dos elecciones: unirse a la guerrilla o morir a manos del ejército. 

Agu (Abraham Attah, un joven talento), es separado de su familia cuando los dos bandos de la guerra violan la zona neutral de su país. Al intentar escapar de la masacre disfrazada de “juicio” que sufre su padre, se interna en la selva en una carrera contra el tiempo y las amenazas que esconde la selva africana. Pronto es descubierto por el batallón de El Comandante (Idris Elba), un grupo de guerrilleros variopintos que incluyen en sus filas a niños, drogadictos y nativos del suelo africano. Agu se convertirá de golpe en un soldado a las órdenes del mesiánico Comandante, quien en un principio se muestra a sí mismo como un salvador, pero con el paso del tiempo y ante las vicisitudes, muestra su verdadero rostro. El pequeño Agu tiene que enfrentarse de golpe a situaciones que son devastadoras. Los momentos límite parecen no tener fin, y la muerte se presenta como una alternativa.

Cary Joji Fukunaga, conocido por la serie de HBO True Detecive (2014 - ), generó un estilo que con sólo ocho episodios cautivó al público. La segunda temporada de la serie no tuvo los resultados que se esperaban y el misticismo y los diálogos filosóficos pasaron a un segundo plano. Fukunaga fue cuestionado por críticos y seguidores en más de una vez, sin embargo, el director tenía una obra que había venido desarrollando tiempo atrás. Beasts of No Nation, no se alejó por completo de las plataformas digitales y la nueva forma de ver contenidos multimedia: Netflix estrenó la semana pasada la película de Fukunaga, ante la controversia generada por los propietarios de cines en los Estados Unidos que sí decidieron proyectar en la pantalla grande la película. Una vez más, Netflix innovó en la forma de vender y producir – recordemos los multipremiados documentales The Square y Virunga.

El mismo Fukunaga ha hablado sobre la gran diferencia entre hacer series y cine, pues el costo de haber realizado Beasts of No Nation equivale a rodar un capítulo de True Detective. Con una propuesta de corte independiente y un rodaje que implicó superar muchas dificultades, Fukunaga presenta una de las mejores películas en lo que va de este 2015.

En Beasts of No Nation, somos participes de un retrato que no tiene un lugar bien definido en la geografía, pero que puede abarcar en la idea y las líneas de la historia, a varias naciones africanas. La película es rodada en Ghana, país que logró su independencia de Reino Unido en la mitad del siglo pasado, que vio instaurar el multipartidismo hasta 1992 y que en el 2000, por primera vez en su historia, conoció la victoria de un partido de la oposición.

Una serie de movimientos guerrilleros intentan derrocar al régimen en Beasts of No Nation, mientras en sus filas se gestan conspiraciones y los altos mandos saquean los bienes naturales del país para venderlos al extranjero. Las aldeas son saqueadas y sus pobladores son masacrados indistintamente ante el menor indicio de pertenecer al bando contrario. Los líderes se muestran efusivos con sus soldados: en una mano portan el arma y en la otra elaboran una serie de discursos aleccionadores que adoctrinarán a cualquier hombre.

La crudeza de las imágenes que crea la guerra contrasta con la belleza del territorio africano en la fotografía de la película. El ritmo con el que Fukunaga, quien también estuvo encargado de la adaptación de la novela y de la fotografía, son dignos del género bélico. La tensión en algunas escenas militares o el horror pueden alejar a algunos espectadores, sin embargo, los personajes no son despojados en su totalidad de una esperanza.

La distorsión de las imágenes justo en el momento de invadir un poblado o el plano secuencia que muestra a un grupo de niños armados que saquean un hogar, mantienen al espectador en una tensión continua. La película es un fuerte retrato sobre la guerra y la enfermedad del poder. Los rostros mostrados son una declaración fiel de los fantasmas de la masacre que no ha dejado de repetirse.

Por Alfonso Blanco.

Referencias: Ryszard, Kapuściński. La guerra del fútbol. Barcelona: Anagrama, 1992. 205. Print.