Por Lucía Romero

Una de las películas más esperadas en esta época “pre-oscares” y demás premiaciones de diversas denominaciones, desde lo sublime hasta lo más trivial de la industria cinematográfica norteamericana. Una muy recomendable cinta con diversas aristas que dejarán con muy buen sabor de boca, no solamente a aquellos que son seguidores y adoradores de este director británico, sino también a todos aquellos interesados en conocer la intimidad del proceso de creación y realización de un proyecto artístico, pues no es la clásica película que cuenta cómo nació, creció, supo qué hacer con su vida, tuvo su momento de caída y luego triunfó, final feliz y vemos hacia la puesta de sol. No señoras y señores, siempre hay que ir un paso más allá. Es conocer los miedos, las inseguridades, las debilidades y también las fortalezas, las manías, las obsesiones, los afectos y los placeres de uno de los más reconocidos directores del siglo XX, el amo del suspenso: Alfred Hitchcock.

Como los insaciables voyeristas que somos, presenciaremos silenciosamente ese momento de su vida y por lo tanto de su carrera, el punto donde podía quedarse en su zona de confort o tomar la oportunidad de arriesgarse y sacar del lado oscuro lo mejor de él. Lo maravilloso de todo este asunto, es que estamos observando la crisis de un ser humano, que más allá de ser internacionalmente conocido, gozar de un respetado nombre, ser temido por sus protagonistas, obsesionarse con ellas y de paso atormentarlas (pregúntenle a Grace Kelly o Tippi Hedren), sigue teniendo ese lado vulnerable que nos acerca a la totalidad y complejidad de lo que un ser humano es.
Además, para cerrar con broche de oro, nos deja una lección valiosa sobre cómo sobrevivir y no morir en el intento cuando eres pareja de un artista (aplica para todas las expresiones artísticas), si estás en ese caso debes de tomar nota de Alma Reville; pues sus enseñanzas son muy valiosas si es que se encuentran en ese caso.
Otro aspecto que está presente en la película y que merece resaltarse, es conocer cómo se manejaba la industria cinematográfica en los 50´s y 60´s, las intrigas en los pasillos de los grandes estudios, el entramado, las cañerías y las tripas que no suelen mostrarse muy frecuentemente. El adentrarse en el mágico, aunque no siempre grato, mundo del cine. Llevando como compañeros a Sir y Lady Hitchcock puede resultarnos un recorrido completo y divertido, aderezado con una pizca de humor negro.

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