Crimes and Misdemeanors de Woody Allen

Crimes and Misdemeanors de Woody Allen

Crimes and Misdemeanors

Casi todas las comedias están situadas en mundos irreales; Mundos donde nada malo puede suceder, a lo mucho el héroe pierde a su chica o llega tarde a una boda. Aún en las comedias más negras uno puede sentirse seguro que lo que sucede en pantalla no tiene nada que ver con nosotros y salir tranquilo del cine a nuestra rutina diaria. Woody Allen con Crimes and Misdemeanors usa una historia de asesinato para hacernos poner en duda la existencia misma de la justicia y compasión... y al mismo tiempo hacernos reír.

La película cuenta dos historias: Cliff Stern (Allen), un director de documentales, tiene que tolerar la humillación de  tener que filmar un perfil sobre un famoso productor de malas comedias. Al mismo tiempo Judah Rosenthal (Martin Landau), un rico oftalmólogo y padre de familia, se ve orillado a cometer un terrible crimen por conveniencia.

Crimes and Misdemeanors

Crimes and Misdemeanors nos muestra de manera gradual como el personaje de Rosenthal se convence a si mismo (y a nosotros) que conceptos como el bien y el mal son lujos que uno puede dejar de lado. En una de las escenas más escalofriantes, Rosenthal escucha al fantasma de un pariente consolarlo con frías racionalizaciones: "si cometes un crimen y escoges no tomar en cuenta la ética, puedes vivir libre de culpa". Rosenthal no es un monstruo, ni siquiera un tipo desagradable, a momentos hasta comprendemos su decisión.

Lo interesante es que mientras sucede esto, Allen nos hace reír con su fantástico diálogo y actuación. La comedia sucede entre eventos terribles, pero en ningún momento se siente como un descanso para los sentidos. Cliff Stern, el personaje de Allen, existe en el mismo cruel y vacío universo de Judah. Allen nos muestra el verdadero valor de la comedia, no cómo un escape de la realidad, sino como la única forma de observarla directamente y mantener tu cordura: "De donde yo vengo nadie cometía suicidio, éramos demasiado infelices".

Frente a las terribles conclusiones filosóficas de Crimes and Misdemeanors, comprendemos la frustración del personaje de Allen, teniendo que hacer un documental sobre un hombre que pretende educarnos sobre comedia con proverbios como: "Si se dobla, es chistoso. Si se rompe, ¡no lo es!". En un mundo donde un Dios justo y benévolo es solo una ilusión, la comedia termina siendo tu única religión viable. Y no hay peor sacrilegio que un falso profeta.

Crimes and Misdemeanors funciona como la contraparte ideal para la actual candidata al Oscar como mejor película A Serious Man. Mientras que los hermanos Coen dejan que el personaje principal intente entender su realidad equipado solo con su fe e ingenuidad, Allen otorga al suyo escepticismo y una gran curiosidad intelectual; al final, los dos llegan a la misma desesperanzadora conclusión.

Juan Carlos Escalante