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George Méliès, mago del cine

Por Lucía Romero

El fin de semana pasado estaba viendo por TV UNAM la serie titulada George Méliès: el primer mago del cine. Y recordé cuan maravillosos son sus cortos, cómo siguen sorprendiendo hasta el día de hoy, aunque los VFX hayan alcanzado un punto que raya en la perfección; lo que hizo Monsieur Méliès fascina al espectador porque, entre sus virtudes, está el hacer posible lo que muchos imaginamos tanto en este época como a principios del siglo XX; esto es materializar los sueños y las fantasías, que hasta ese momento, los ilusionista, los magos, los espectáculos de sombras chinas y la linterna mágica eran quienes nos daban una probadita de lo que podría ser.

Este muchacho que se resistía a seguir la tradición familiar de dedicarse a la fabricación de zapatos, decidió que, si se la iba a pasar entre máquinas, por lo menos debía aprender cómo funcionaban. ¡Quién lo iba a decir!, unos pocos años después, su curiosidad se vio recompensada y, la habilidad para componer las máquinas averiadas, la iba a aplicar a la construcción y funcionamiento de complejas escenografías en donde se contarían historias fantásticas, como viajes del hombre a la luna, a las profundidades del mar, visiones de santos y demonios, juegos de naipes que cobran vida, cabezas parlantes y materializaciones de la mitología.

Así fue, un buen día George Méliès decidió que lo suyo era materializar al mundo de la imaginación y qué mejor forma de hacerlo, si podía contar con una herramienta tan maravillosa, como lo era el recién inventado cinematógrafo de los hermanos Lumiere. Pero al no querer éstos venderle uno de sus aparatos, Méliès dijo: yo también puedo y decidió fabricar el suyo propio. Fue así como nacieron técnicas como la disolvencia, el stop motion y el fundido de imágenes, entre otras técnicas  de efectos visuales, que hasta hoy en día siguen siendo las bases para lo que conocemos.

Sin lugar a dudas George Méliès sigue siendo el mago del cine, no deja de sorprendernos y de hacernos soñar, eso, considero, es el encanto que sobre pasa al tiempo.