Por qué deberías ver "Halley" de Sebastián Hoffman

Por qué deberías ver "Halley" de Sebastián Hoffman

Por Toño Quintanar

En 1983 David Cronenberg sorprendió al mundo del cine con una arriesgada corriente estética a la cual denominaría “La Nueva Carne”. El director de Videodrome dejó impresa en esta vanguardia su obsesión por metaforizar la condición del hombre, siempre partiendo de elementos propios del horror corporal. 30 años más tarde, Halley (2013), la ópera prima del mexicano Sebastián Hoffman, parece renovar los conceptos de este estilo.

El filme narra la historia de Beto (Alberto Trujillo), un guardia de seguridad que sufre un extraño padecimiento, mismo que descompone su cuerpo de manera paulatina. Su abdomen presenta múltiples llagas, la piel comienza a caérsele a pedazos y una creciente debilidad le impide desempeñarse en su rutina. A pesar del decidido intento de Beto por recluirse en su abandono, Chivis (Lourdes Trueba), la dueña del gimnasio donde trabaja, le proporcionará un último vistazo al concepto más humano de su enfermedad. 

Hoffman logra construir un símbolo de fuerte emotividad a través de este protagonista. La carne podrida que sostiene a Beto no es más que una representación de su psique, la cual también se encuentra corrompiéndose en solitario aislamiento. Al igual que Cronenberg, Hoffman representa el hastío a través de una sugerente propuesta visual no apta para estómagos sensibles.

Halley renueva el concepto del cadáver viviente, depurándolo de clichés y obviedades. En su carácter de no muerto, Beto tratará de aferrarse a las emociones que le quedan, a pesar de que esto sólo sea posible en la más lastimera de sus formas. La muerte deja de ser algo estrictamente físico para volverse un asunto múltiple y cotidiano, presente en cada una de las acciones del día con día.

Las actuaciones de Alberto Trujillo y Lourdes Trueba son un elemento digno de destacarse. Ambos logran representar con gran éxito una contradicción que nace de las propias diferencias entre la vida y la muerte, volviendo a uno el complemento del otro.

Al mismo tiempo, la fotografía resulta un elemento de gran expresividad en la cinta. A lo largo de la obra presentimos a la Ciudad de México como un conglomerado de soledades, dejando expuestos a sus residentes en la más grotesca de sus bellezas.

Halley es una declaración de la fragilidad del individuo. La podredumbre de su anatomía es sólo una forma de explicar su complejidad existencial.

TCLY realizó una entrevista en video a Sebastián Hoffman y el crew de Halley, con imágenes exclusivas de la producción, puedes ver todo eso aquí.