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Kick- Ass 2: Balls to the Wall

Kick- Ass 2: Balls to the Wall

Por Vania Bermejo

Siempre que se habla de alguna secuela se dividen opiniones y es que cuando una película logra supera expectativas en la taquilla, sea buena o mala, es de esperarse que vean una mina de oro en ella.  

Pero en el caso de Kick Ass es otra historia. Y es que cuando se estrenó la película basada en la novela gráfica de Mark Millar y John Romita, su desempeño en la taquilla pasó desapercibido. Es hasta que llego en formato de DVD cuando empezó a causar furor entre los espectadores, llevándola a convertirse no sólo en una de las películas más pirateadas del 2010 (facturando más de 96 millones de dólares) sino en una de las favoritas de grandes y chicos. Lo que la llevo a catapultarse como una película de culto.

En esta secuela Matthew Vaugh, anterior director y ahora productor, le sede las riendas creativas a Jeff Wadlow  quien vuelve a seguir esa línea de humor negro y violencia que nos remite a un mundo Taratinesco.

 Dave Lizewski (Aaron Johnson) sigue con su doble vida de superhéroe, la cual sirvió de inspiración para que más personas siguieran sus pasos y buscaran justicia por su cuenta. Por otro lado Mindy McCready aka Hit Girl (Chloë Grace Moretz) está en un gran dilema, entre seguir el legado de su padre o dejar atrás la vida de superhéroe para poder llevar una adolescencia lo más normal posible, la cual finalmente termina por aceptar. Mientras tanto  Chris D'Amico (Christopher Mintz-Plasse) quiere cobrar venganza por la muerte de su padre en un súper villano, auto nombrándose The Mother Fucker, y creando una Liga de súper villanos para tratar de aniquilar a Hit Girl, Kick Ass y a todo aquel que se interponga en su camino.

Una vez más Kick Ass se llena de súper héroes sin súper poderes, pero pese a que está cargada de una gran dosis de adrenalina, peleas y sangre, en donde Hit Girl vuelve a llevarse gran parte de la película junto con otros personajes como The Mother Fucker y Mother Russia, no logra superar a la anterior, ya sea por el clásico cliché de “Las segundas partes no son buenas”, el gran peso que conlleva superar la primera o el cambio de dirección, lo que termina por convertirla en una película palomera con la que sin duda pasaras un buen rato y nada más.