OKURIBITO (Violines en el cielo)

OKURIBITO (Violines en el cielo)

despedidas

En 1956, el filme Miyamoto Musashi de Hiroshi Inagaki ganaba el Oscar a la Mejor Película Extranjera y desde aquel entonces es que ninguna cinta japonesa se había hecho acreedora a la estatuilla, hasta éste 2009 que de la mano de Yojiro Takita, el filme Okuribito mostró el trabajo de una de las mejores películas del año que reflexiona sobre la aceptación del ser humano ante la muerte y las emociones alrededor de ella.

La historia va de un músico que toca el violonchelo en el entramado de encontrarle sentido a su vida, tras quedar sin empleo y después de haber invertido todo su dinero en un sofisticado instrumento se ve en la necesidad de cuestionar lo que ha vivido hasta ese momento y que es lo que realmente quiere, dejando de lado el sueño de ser un gran concertista para regresar a su pueblo natal en compañía de su esposa. 

Es en el proceso de encontrar un empleo que le permita sostener su matrimonio se enlista en la profesión de preparar cadáveres en una funeraria, siendo este empleo el que lo llevará a cuestionar y dar sentido a diversas facetas emocionales que ha detenido en su vida, como el recuerdo de su padre.

departures 

La cinta cuenta la forma en que la sociedad japonesa ve el funcionamiento de una funeraria, considerando como algo desagradable el trabajo que realiza el protagonista, quien al final demuestra que lo que hace más que ser algo deshonroso es un acto de amor y desprendimiento de un ser querido.

Las actuaciones de  Masahiro Motoki (Daigo Kobayashi), Tsutomu Yamazaki (Ikuei Sasaki), Ryoko Hirosue (Mika Kobayashi), Kazuko Yoshiyuki (Tsuyako Yamashita), Kimiko Yo (Yuriko Kamimura) y Takashi Sasano (Shokichi Hirata) dan cuenta de una historia que obviamente soportada por la música torna más que sentimental cada secuencia entre toques cómicos que la hacen digerible e identificable, entre escenarios estéticamente bien concebidos.

Sobra decir que los innumerables festivales y galardones la avalan como una de las más prolíficas creaciones cinematográficas con un mensaje de amor que puntualmente se puede ver en la última secuencia donde, entre movimientos lentos y cariñosos el protagonista se despide de un ser querido, un ser querido que hasta ese momento ya no tenía rostro, pero a medida que recorre su cuerpo va construyendo la imagen de un alguien amado al que ha tenido la oportunidad de decir adios; sin duda más que emocional y excelente opción para visualizar de otra forma en que se concibe la muerte y asimilación de la misma, así que si pueden verla, será una gran experiencia de humanización y aceptación por lo que se es y lo que se quiere de la vida.      -A