Transformers: Dark of The Moon

Transformers: Dark of The Moon

Para fortuna de muchos y desgracia de otros, se ha estrenado la tercera entrega de Transformers, y al igual que las películas anteriores, nos despierta una gran duda entre algunos “inadaptados”: ¿por qué a la gente le está gustando tanto esta saga? La respuesta es simple: todo lo que hace Michael Bay está minuciosamente diseñado para gustarle a las masas y satisfacer inquietudes de consumo rápido. Sí,  al igual que la comida chatarra, las telenovelas y los envases de refresco retornables. Además, Bay es un gran publicista; cada una de sus películas ha recaudado millones en taquilla y han logrado quedarse en las mentes del público, convirtiéndose en referencias de entretenimiento palomero.

Hagamos a un lado las grandes ganancias en EUA,  los más de sesenta y tres millones de pesos recaudados en la taquilla mexicana y los asombrosos efectos visuales. La tercera entrega de Transformers resulta ser muy mala por tres simples cosas:

  1. Historia y guión: ¿Por qué sentimos que nos están contando el mismo chiste una y otra vez?, realmente parece que hay una fórmula preestablecida que forzosamente fue aplicada para las tres películas. De nuevo hay una guerra entre Autobots y Decepticons, esta guerra se convierte otra vez – en un peligro para la humanidad, el ejército interviene – como en las dos anteriores - , Shia LaBeouf es el héroe una vez más, los buenos son muy buenos y los malos, son muy malos. Por lo mismo, nos hemos ahorrado la escritura de una breve sinopsis al inicio del post.
  2. Duración: Dos horas con cincuenta y cinco minutos, ¿en serio? Lo peor es que la fórmula mencionada arriba no es tan flexible ni maleable para extenderse y mantenernos interesados las casi tres horas de metraje. Por cierto, esta película es la más larga de la trilogía, y por consecuencia,  la más cansada y aburrida.
  3. Michael Bay:  The Rock (1996), Pearl Harbor (2001),  Armageddon (1998) y el resto de su filmografía nos ha llevado a una conclusión: el tipo gusta de marearnos con  secuencias de acción y asombrosos efectos visuales, pero nunca tendrá el placer de contarnos una historia con coherencia e inteligencia.

Lo único que podía salvar medianamente la película era la presencia de Megan Fox, sin embargo, en esta ocasión no fue requerida por comportarse como una cretina con el crew durante el rodaje de la segunda y hacer comparaciones entre Bay y Hiltler. Y por cierto, Steven Spielberg como productor también nos deja claro que los años le han pasado encima y ya no es el mismo genio apasionante que cautivó a varias generaciones. Ahora lo único que le importa son los billetes. Pero como la esperanza es lo último que muere, el señor también es productor de la película que quitará el muy mal sabor de boca que nos ha dejado ésta:  Super 8.

 

-The Javsan-