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Fingerboarding, Retrato de una Cultura

Es probable que si tus padres nunca te compraron un skateboard, estos en alguna navidad te hayan regalado un fingerboard. Un sustituto paterno que en teoría será una moda pasajera, o una clase de compensación “menos peligrosa” que el skateboarding. En parte tenían razón, a los diez días rompías la tabla y no sufrías rasguño alguno. Pero en lo de pasajero se equivocaron. En los Estados Unidos y algunas naciones asiáticas, el fingerboarding se ha convertido en una disciplina de nicho, que logra congregar a miles de personas en “mini-skateparks”, para disputar torneos internacionales.

Consciente de esto, Mike Schneider, de 23 años de edad y nacido en Dracut, Massachusetts, decidió crear el “fingerpark” más grande de la región norte del continente y convertirse en el mecenas más importante del fingerboarding en su tierra. El también amante del skateboarding, decidió introducirse en esta subcultura, porque según este le transmite “el mismo sentimiento de libertad” que encuentra sobre un skateboard. Motivo por el cual comenzó a organizar torneos de fingerboarding profesionales y construir los cimientos de un redituable imperio que cabe en la palma de su mano.

Video de Great Big Story.