Diagramática, la exposición imperdible de Benjamín Torres en San Carlos

Diagramática, la exposición imperdible de Benjamín Torres en San Carlos

Por Baby Solís Serrano

San Carlos quizás no sea el primer museo en venir a la mente de la mayoría de las personas cuando deciden visitar uno. Su ubicación no es la mejor, nadie sabe si tiene estacionamiento o no, y el hecho de albergar “arte europeo del siglo XIV a principios del XX” son algunas de las razones que lo vuelven un lugar poco atractivo. Pero existe un motivo mayor por el cual no podemos dejar de visitar este museo: Benjamín Torres y sus catálogos intervenidos.

“Diagramática” es el título de esta exposición temporal que se ha montado en el Gabinete del museo. Por Gabinete entendamos dos habitaciones renovadas que han abierto sus puertas para exhibir la obra de Torres. Uno de los cuartos está pintado del rojo cereza más estrambótico que Comex ha fabricado, dejando en claro que el Museo Nacional de San Carlos quiere ponerse al día y va en serio.

¿Ponerse al día? Quizás ni el arte renacentista ni el manierista, ni el neoclásico (corrientes artísticas que conforman el acervo de San Carlos) han “pasado de moda” nunca. Esa es una de las ideas que Benjamín Torres plantea en “Diagramática”, la búsqueda y la representación de la belleza como una constante en el arte de todos los tiempos. Desde las bailarinas de Edgar Degas (1834 - 1917) y los grabados de Alberto Durero (1471 - 1528) hasta las 'encueradas' del fotógrafo Sante D'Orazio (1956) y los anuncios de maquillaje Dolce and Gabanna.

El artista ha intervenido un póster de cosméticos sustituyendo la cara de Scarlet Johansson por una de la María Magdalena del siglo XVII. El anuncio y la pintura son de distintas épocas, autores y técnicas, la intención con la que fueron hechos también es diferente y sin embargo, la bella rubia tendida sobre un sillón sigue ahí, casi cuatro siglos después.

En otra parte de la exposición, se establece una comparación entre la María Magdalena de Francesco Solimena y la Dani de Sante D'Orazio. Al colocar ambas piezas juntas no podemos dejar de preguntarnos ¿habrá cambiado algo? ¿acaso no existen conexiones estéticas y conceptuales entre estas piezas? Torres nos deja ver que hay patrones que se repiten en el arte sin importar la corriente, la técnica, la época o el autor, cuestionando así las divisiones y clasificaciones que se han hecho en la historia del arte.

Al cortar, rasgar, pegar y reacomodar los elementos que construyen una obra clásica, el artista las “regresa al futuro”, las vuelve actuales, logra que sean vistas de otra manera. Pero Torres no añade nada, los componentes siempre estuvieron dentro de la pintura, simplemente los dispone en otro orden. Como en el cuadro anterior de Guy François, basta con cambiar de lugar el cráneo y colocarlo en el rostro de María Magdalena para revelar un lado más tétrico de la obra.

Benjamín también se vale de la repetición de piezas para ese fin, como esta escultura de Edgar Degas que al ser puesta varias veces sobre sí misma termina pareciendo una nueva bestia apocalíptica, más que un antiguo trabajo de un artista (ahora) tan clásico como Degas. Esa es otra de las bondades de Torres, muestra la faceta creepy del arte que comúnmente se considera aburrido.

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Basta con ver la multiplicidad de manos y ojos en estas Marías Magdalenas o la reproducción que hace de los senos mutilados de Santa Águeda. Ríos de pintura se han gastado en representar el sufrimiento y vida de esta santa y ahora la obra de Torres nos ayuda encontrar un vínculo entre el maltrato de Águeda y la “nunsploitation”, es decir, los videos cuyo eje central es la tortura y humillación a las hermanas religiosas. Manera curiosa de evidenciar que en el arte de ayer y hoy existen “lugares comunes”, de nuevo el artista hace que las reproducciones de los senos habiten y cobren sentido en el mismo espacio que una postal que muestra una monja y sobre ella la palabra “nunsploitation”.

Visitar “Diagramática” es un must porque la exposición nos permite maravillarnos con las cosas que siempre estuvieron ahí pero quizás nunca antes notamos; además, no sabemos cuándo será la siguiente ocasión en la que las paredes de San Carlos sean pintadas de rojo cereza estridente.