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MC Bin Laden: La Entrevista

La noche anterior me fui de farra. No había dormido bien y no sabía qué preguntarle a MC Bin Laden (headliner de la fiesta aniversario de Vice), sin caer en las preguntas clichés, sobre prostitución, drogas y violencia en Brasil. Una semana antes había concertado una entrevista con él, gracias a la banda de Goose Island, el plan era tomarme unas chelas con el rapero paulista y ver que me contaba sobre su lifestyle e intereses generales. Nada complicado, simple. Me atuve al plan, me calmé, salí de mi casa y compre un coctel de frutas, no podía empezar a tomar con el estómago vacío.

Legué a su hotel. Extrañamente puntual, busqué el bar y me senté a esperarlo. El mesero de Goose Island me ofreció una chela, la destapó mientras MC Bin Laden irrumpía en escena. El vato parecía recién despierto, pero fresco como lechuga. Un traductor se presentó conmigo y explicó la dinámica: “Me dices las preguntas o lo que quieras y yo traduzco. No hago esto seguido, pero va a salir bien”, dijo. Confiado, tomé dos chelas, le ofrecí una, bebí de la mía y me presenté con el rapero.

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MC Bin Laden.

Fuimos a un lounge y le conté mi primer acercamiento con el funk carioca, una suerte de girlband compuesta por stripers, con un performance sui generis, As Tequileiras do Funk. Bin Laden sonrió y no dijo más. Le comencé a hablar de NAAFI y las fiestas de reggaetón que se están haciendo en el Bahía Bar, le dije que deberíamos de ir a una. “Me encantaría. También en Brasil hay fiestas de ese tipo, pero no tengo mucho tiempo. Quizá en otra ocasión”, respondió.

Inmediatamente, le pregunté cómo es el día a día de un músico de funk. Este me dijo que se llaman “Funkeros", y tienen una vida fuera de la favela, en ella son demasiado populares, "Nos fuimos al centro, usamos ropa de marca y vamos a restaurantes caros, pero el gueto nunca ha salido de nosotros” dice Bin Laden. No pude evitarlo y caí en el cliché que quería dejar de lado, lo cuestioné sobre la violencia en las favelas. Pregunté, “¿Puedo ser un foráneo e ir sólo a una fiesta de funk?”, Bin Laden respondió, “Bajo tu propio riesgo. Por ejemplo, en Heliópolis (una de las favelas más grandes de São Paulo), puede que no te pase nada, hay muchas motos y armas, pero los paulistas somos muy disciplinados. Los bares de las favelas son los más seguros, los controla el narco, por ello nunca hay problemas en estos”.

El ritmo del funk es bastante festivo, perfecto para la fiesta y bailar pegadito. Pero nunca he sabido de qué habla. Bin Laden me dijo, “Armas, crimen y culos”. Comenzó a reír y volteó a ver a su productor (un robusto hombre totalmente brandeado de MC Bin Laden) con cara de disculpa, luego añadió “Cada quien habla de lo que quiere: violencia, drogas, fiesta, religión. El funk te da esa libertad”.

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Bin Laden se notaba hambriento, algo cansado y no había tocado su cerveza. Yo ya iba por la tercera. Le pregunté por qué, me dijo, “No tomo. Estaba metido en muchos problemas de drogas y bebida. He encontrado a Jesús”. Noté que tenía la cabeza en otro lado, decidí terminar la entrevista con un comercial para su tierra, “¿por qué debería ir a Brasil y cotorrear contigo?” El MC respondió, “La fiesta y las mujeres. Pero te recomiendo ir a un lugar más tropical, las grandes ciudades son algo peligrosas”.

Bin Laden agradeció mi tiempo, y se despidió de mí, por cierto, con ademanes parecidos al de las despedidas entre surfers y skateboarders. Regresé al bar a terminarme la chela. Comencé a hablar con una morra, era OLY, la DJ que abriría la fiesta. Una chica que está comenzando a tocar en los eventos de NAAFI y otros más unders. Ella es de Ecatepec, zona colindante a la Ciudad de México, que según esta, "un lugar lleno de fiestas punk, algo monosas. Pero está chido”, con una sonrisa en cara.

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OLY.

OLY sí se tomó una chela conmigo. Le pregunté cómo se metió en este mundo, “Me jaló mi novio. Pero luego me puse a jugar con programas y nació OLY”. No la quería poner nerviosa, pero le dije que tocar en la fiesta de Vice era algo pesado. Me dijo, “Todavía me cuesta trabajo toparlo, pero sí sé que es algo grande”. Le dije que lo haría bien y que seguramente los invitados estarían muy mal, y que si la jalaron fue por algo.

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Fondé la chela y me despedí de ella. Tenía que regresar a la oficina, tratar de escribir algo. Regalar boletos y contestar una pila de correos.

Al final, mi charla con MC Bin Laden resultó mejor de lo que pensaba, el vato es el rapero más tranquilo y buena onda que he conocido. Un caballero en toda la extensión de la palabra. También estuvo bueno topar a OLY, comienza a hacer mucho ruido en la escena del under electro de la ciudad. El necte para este submundo.

Llegué a la oficina, escribí sobre sneakers, regalé boletos y baje la pila de correos a la mitad. La resaca apareció a eso de las dos de la tarde.

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Agradecimientos especiales a todo el crew de Goose Island, MC Bin Laden y OLY, rifados.

Texto por Dave Zepeda

Fotografías por Carlos Haro